Friday, January 05, 2007

- Cena macedonianos inicio 2007-







Feliz 2007, macedonianos!!!

Saturday, December 30, 2006

- Palabras de Macedonio / y un brindis -


"Debería huir,
quizá lo pueda en breve,
no tengo otro camino,
a los bosques del Amazonas,
del Alto Paraná,
a esos escenarios de una violenta Naturaleza,
a esa Naturaleza en himno,
desbordada locura del ser que exhibiéndome,
obsesionándome,
robándome para sí toda mi facultad de mirar,
toda mi fuerza de interés,
rehiciera mi sentido de la vida,
me trasfundiera vida"

Macedonio Fernández, 1922.

Rehacer / el sentido de la vida / la fuerza de interés / la facultad de mirar / elijo este camino / aquí / o donde esté / y la naturaleza en himno / y un intenso deseo de que sepamos disfrutar la parte de felicidad que nos toque / y salud!!!!

Roxana Palacios

Tuesday, December 26, 2006

- "La literatura no tiene moral" por Javier Adúriz -


El jueves 26 de octubre, el poeta Javier Adúriz visitó el taller Macedonio Fernández, publicamos aquí algunas reflexiones con un especial agradecimiento a Javier.

“La literatura no tiene moral”.

Sobre el lenguaje.

“El lenguaje es la materia central sobre la que trabajamos, es una energía, un biorritmo, según las diversas concepciones. Para Lacan, por ejemplo, la materia y el espíritu son la misma cosa; objetando esa famosa división, la carne sería la parte vasta y el espíritu la refinada. Para Lacan, el lenguaje es un material, una materia larga, no solamente desde la línea instrumental, por ejemplo: la palabra café, cafetín, cafetales; esa línea instrumental entra a vibrar en otros niveles, habría un nivel de percepción y otro de hiperracionalismo. Más allá de que todo texto es música, hay que investigar desde dónde se produce. En cada texto se puede observar cómo va de un extremo a otro de esa zona imaginaria del palabrómetro, se establece un verdadero diálogo con el texto”.

“Cada personaje está lleno de trampas psíquicas, cuando uno más lo escucha, más sabe lo que el personaje necesita, es una lógica propia y el escritor es como un amanuense de esa necesidad. Uno escribe con una doble mirada, una es la del ojo pasional, hay algo pulsional en cada uno de nosotros que nos lleva a escribir, es una cosa que sale de un lugar que es bastante misterioso y bastante ridículo, porque uno puede tener ganas de salir a fumar, a tomar aire, pero ¿a escribir? Es por lo menos raro. Lo pulsional es lo que hace inventar los personajes, la situación, todo eso. Después está el ojo técnico, que es un ojo que mira desde afuera: es la expertisse, una destreza, es un tipo que ya tiene horas de vuelo, que va entendiendo cómo ese material le habla y le va haciendo mejoras desde lo racional, dentro de lo magnífico que tiene la razón, porque la razón tiene zonas espantosas: el odio, lo autoritario, lo limitante. Ahora está muy de moda descartar a la razón, pero, en realidad, es una de las pocas cosas que tenemos. Las cosas que decimos vienen hablándose, por lo menos, desde la mutación del latín al castellano, que dicen que se produjo allá por el siglo VI. Las palabras vienen rodando y tienen un espesor cultural impresionante, el idioma tiene un arquetipo por encima de los individuos, la organización es arquetípica. Cervantes, Lope, Borges, llevan al arquetipo y, luego, cada uno trabaja la individualidad”.

“Tengo la sospecha de que todos tenemos el vocabulario adentro. El español tiene una riqueza enorme, algo así como treinta mil palabras, es frondoso, mientras que el francés tiene apenas la mitad. Yo digo que hay palabras que queman la vida, todos tenemos el idioma adentro, los condicionamientos sociales son los que crean el idiolecto, uno le pone a las palabras experiencias propias, diversas, eso es así. Esta posición de la riqueza del vocabulario viene del vanguardismo, que frente al lenguaje clásico hizo una ruptura muy sugerente y el lector se las tenía que arreglar, pero yo creo que el artista sabe lo que está diciendo, trata de encontrarle el sentido a pesar de todo. Eso hace que el receptor entienda esa jugada de ajedrez, lo que él quiso hacer. A partir de ahí uno va agregando napas y esa es la aventura del texto en el tiempo, porque Cervantes, por ejemplo, hizo lo suyo en su momento, pero ahora nos sirve a nuestra cabeza cinco siglos después”.

“De qué índole es el placer que produce la literatura no tiene importancia, no es una cuestión de moralidad, de mensaje. En realidad, la literatura no tiene moral. Toda literatura de tesis, como el naturalismo, empobrece, porque todo está destinado a probar la tesis dada, todo el silogismo está subordinado a la tesis. No se trata de una moralidad, de una moraleja. La estética también es histórica, en el Renacimiento lo estético es el equilibrio y desde Baudelaire la belleza es otra. La literatura tiene su propia lógica de auto sustentación, produce ese valer la pena”.

Sobre la propia obra.

“No siento que estoy escribiendo la obra, ni me interesa. Yo empecé a escribir por un lugar común: falleció mi padre. Mi familia era rica –riquísima—, lo que es un inconveniente, de verdad. Papá murió de un día para otro y yo lo escuché morir. En ese momento, yo no leía, no me interesaba nada en absoluto. La situación cambió dramáticamente, porque tuve una experiencia central. Hay pocas experiencias centrales, esenciales, en una vida y una es ver morir (otra es amar, cada uno pone lo que quiere, pero son pocas). Por esas casualidades y porque debía tener cierto oído, cierta sensibilidad, llegué a los libros y empecé a escribir. Debería escribir bien, porque gané premios grosos muy joven: el primer premio fue en el ‘67, un premio Nacional (el Iniciación) y el primer libro salió en el ’71. Yo tenía veintitrés años, gané el Premio del Fondo Nacional de las Artes, que se publicó en Losada con una presentación buenísima. Tardé ocho años en escribir el segundo libro, siempre buscando en la literatura el absurdo de la existencia, estos bruscos cambios; respuesta que no encontré y ya no quiero encontrar, porque me di cuenta rápido de que no hay respuesta para las cosas que pasan, queda el placer. El segundo libro también tuvo un premio importante, pero salieron unas críticas demoledoras. Hasta ese momento las críticas eran excelentes (era el libro del año, según Espasa Calpe), yo era ansioso ante mí mismo. Ahí sí creo que estaba escribiendo mi obra: era un pelotudo. Cuando llegaron esas críticas –que me hicieron muy bien— sufrí como una bestia, eran mis treinta años; fue algo así como la noche del espíritu y escribí un solo libro. Después, en los ‘90, empecé a escribir más sistemáticamente, como escribo ahora, no puedo sino escribir. No tengo ninguna expectativa con lo que escribo, me da un placer feroz el trabajo con las palabras, no es una obra, es lo que es, es dar lo mejor de uno. En esta trayectoria tengo seis libros publicados y voy por el séptimo”.

“Paralelamente, empecé a escribir prosa: me llamaron de La Nación para hacer bibliográficas, trabajé tres años haciendo comentarios, a razón de dos por mes. El tipo que me llamó se murió y, como es natural en estas situaciones, el nuevo director –que es el actual— llevó a su gente y desplazó a la anterior. Entonces, en lugar de recluirme, decidí hacer una revista: me junté con una serie de amigos e hicimos una revista literaria que duró cuatro años, esto me permitió conocer a muchos escritores, filiarlos, preguntarles, saber cómo es la cosa para gente que yo admiraba y, ahí, comencé a escribir ensayos. Ahora hago poesía, pero también hago ensayos. En 2006 publiqué un ensayo sobre el soneto y este año voy a escribir algo sobre el tango, por encargo. En la actualidad, no me puedo pensar sin escribir. Valió la pena leer ciertas cosas, vivir para haber leído ciertas cosas, además de otras cosas que valió la pena vivir y escribir.

Sobre el mundo literario.

“Valió la pena leer los nueve cuentos de Sallinger; ‘Los asesinos’ de Hemingway; ‘Washington Square’, de James; ‘24 de agosto de 1986’, de Borges. (Ese cuento del otro, la paradoja lógica, porque Borges representa la razón occidental llevada al límite que patina. Está en el libro ‘La memoria de Shakespeare’, en él invierte los términos y el joven Borges se encuentra con el otro Borges que se está suicidando.) Hay muchos libros memorables, poemas concretos, son como dones que uno lleva, que lo acompañan toda la vida, aunque uno tenga deslumbrones. Esta posición es bastante socialista, enérgica, porque se opone radicalmente a la vida como consumo. Es como negarse a comprar un coche nuevo: puede ser un consuelo, al no tener coche, decir que uno lee y qué buena es la cultura y el espíritu para consolarse de no tener coche. Pero creo que una vez visto el problema uno puede superar ese nivel y decir no, yo creo que lo mejor que tenemos es esto, esos placeres, esos placeres imaginarios, es nuestro destino, sacándole al destino todo lo pretencioso que tiene la palabra. También está el tema de las dos fidelidades: ustedes son médicos, ¿no? El médico esencialmente es médico, pero ¿qué es lo más importante? En realidad, pertenece al rango de la libertad absoluta, conseguir placer, salvo en el caso del que es sólo escritor”.

Sobre los talleres literarios.

“Yo creo que a los talleres literarios los diferencia mucho el que los dicta, pero también quienes hacen los grupos, es decir, los integrantes. Es central la relación que hay entre ustedes, en este caso. Esto hace muy agradable y muy enérgico el trabajo. Yo coordino dos, uno en una biblioteca popular y el otro privadamente. En uno de ellos hay mucha gente, es una condición un poco absurda. El grupo mínimo es de veinte personas, que después se va decantando. Para mi, el grupo ideal de taller es de siete personas, en mis talleres tengo siete sillas. Porque si la cantidad es mayor la atención decae, se forman subgrupos, se hace engorroso revisar los textos de los integrantes...”.

“En mi manera de trabajar comienzo hablando yo, un poquito: llevo un poema y un cuento. En el poema trato de averiguar rápidamente qué es lo que pasa ahí, qué es lo que veo y los motivo. Si el cuento es muy largo hago una especie de montaje, algunas partes las digo y leo la parte central. Esta primera instancia sirve en dos niveles, el primero es dar información –hay textos que lo requieren—, y el otro punto, que me parece el más importante, es que caldea el ambiente hasta tal punto que, cuando van a escribir, ahí mismo, se obtiene un rango de literatura que no se obtiene al trabajar sobre un texto en vacío. Terminada esa segunda parte en la que escriben, cada uno de ellos lee lo que escribió, lo oigo, entonces hay conversación”.

“El taller te da una especie de hiperconcentración, estar en un taller significa estar concentrado dos o tres horas. Esta concentración le sirve al que participa para distinguir qué es lo que ve, aunque lo oiga, en ese texto. Ese “sí, me gustó”, es una percepción, pero ¿por qué te gustó? El mecanismo es una racionalización, una objetivación, es sacar a flote qué sirve para la parte técnica, qué es lo que sirve del trabajo. Hay muchas visiones y se plantean discusiones, cada uno saca su propia conclusión. No es que trabajo la oralidad en el sentido de que los textos digan tal cosa. Hay algo en relación a las palabras, a los libros, hay gente que tiene esa relación tan intensa con lo verbal y otra no. No me parece que uno deba sentir que es más válida que la de un tallerista que hace motores, no tiene moralmente un valor superior. Me parece que para todos los que estamos acá, el mundo de las palabras tiene algo, muy enseñoreado en nuestra historia, una suerte de felicidad, ya muy antigua, que uno trata de reproducir, que nunca vamos a reproducir. Es como una sed gozosa en el fondo. No es coloquialista, cuando uno ve un buen texto, cada uno tiene su rollo, la idea del tallerista es trabajar desde la cabeza del otro. Cada texto es como un diagrama sin cortes, bifronte, como un lenguaje. Supongamos un palabrómetro: si se manda mucho para acá, para el lado del idioma, mucha imagen, mucho trabajo ornamental, mucha retórica; pero también se puede mandar al otro lado, en el que la palabra es pura comunicación y ahí no se hace literatura, el lenguaje se vuelve transparente, un instrumento. El coloquialismo, como todas las literaturas próximas a la oralidad, trabaja sobre este sector, con un lenguaje transparente, dándole énfasis a la parte verbal. Si uno observa el Borges viejo ve que –para mi gusto, sabiamente— cada vez se fue acercando más a este extremo, la palabra exige una serie de condiciones para acceder al texto, lo dice de un modo simple, es el ideal de la literatura.

Selección y compaginación: Dr. Carlos Decuzzi

Friday, December 08, 2006

- III Concurso Macedonio Fernández - premios y menciones de Poesía-

PRESIDENTE DEL JURADO: Jorge Boccanera
INTEGRANTES DEL JURADO. Adriana Billone y Martín Giménez Fuentes


PRIMER PREMIO: Eduardo Cartoccio por "Esta Mujer"

S
EGUNDO PREMIO: Santiago Venturini por "En una imagen"

TERCER PREMIO: Andrés Eduardo Pierucci por "Sonetos"

Menciones Poesía:

Griselda García por "Ama de cría"
Gustavo Tisocco por "Pretendo..."
María del Carmen Espósito por "A la intemperie"
Carina Michelli por "No, tríptico no"
Lucio Greco por "Gringo viejo"
Felipe Benegas Lynch por "Oh, la vaca y el ruiseñor"
Maximiliano Ariel González por "Vértices"
Natalia Gabriela Pertonacci por "Over the rainbow"

- III Concurso Macedonio Fernández - premios y menciones de Narrativa-

PRESIDENTE DEL JURADO: Dr. Roberto Ferro
INTEGRANTES DEL JURADO: Agustina María Bazterrica y Martín Di Lisio

PRIMER PREMIO: Carlos Carioli por "El doble"

SEGUNDO PREMIO: Federico Novak por "Uñas rotas"

TERCER PREMIO: Enrique José Decarli por "Punto de fuga"


Menciones Narrativa:

Hugo Osvaldo Calascivetta por "De mesa de entradas -A personal"
Gabriel Gonzalo Pinciroli por "La interpretación de las pechugas"
José María Gómez por "El subterráqueo"
Luis Catenazzi por "Del eco de su perfume"
Horacio Norberto Bianciotto "El forúnculo"
Carlos Arturo Trinelli "Rosas"
Isabel Permuy por "El camino de Tzun-ki"



Monday, December 04, 2006

- FINALISTAS DEL III CONCURSO NACIONAL MACEDONIO FERNANDEZ DE NARRATIVA Y POESÍA -

Finalistas de narrativa (Número de orden y seudónimo):


(13) Estanislao Villegas

(25) Bajo fondo

(52) Bandini

(72) Manita

(79) Pinar

(82) Ubi Van Kenobi

(83) Carlos Moritz

(105) Siegmund Caecus;

(166) Aufenwader

(233) Julián de la Cruz



Finalistas de Poesía (número de orden y seudónimo):


(1) Poético

(15) Alfonso Ríos

(27) Robinson Crusoe

(36) Moria Cansada

(37) Endomión

(39) El Chacal

(59) Stycala

(72) Crispo

(77) Joaquín de la Riestra

(132) sin seudónimo "La vaca y el ruiseñor"

(134) Marcote

(159) Sinclair


Invitamos a todos los participantes el jueves 7 de diciembre a las 20 hs. en el auditorio del CMLZ, Colombres 420, Lomas de Zamora, para conocer juntos los tres primeros premios y tener oportunidad de leer los trabajos seleccionados. Los esperamos.

Wednesday, November 29, 2006

- Visita del 30 de noviembre: Jorge Emilio Nedich -



El jueves 30 de noviembre nos visitó Jorge Emilio Nedich, escritor argentino de origen gitano, finalista del Premio Planeta 2004 por su novela El aliento negro de los Romaníes (Ed. Planeta 2005), un agradable encuentro donde Jorge habló de sus proyectos, su trabajo y el mercado editorial. Próximamente publicaremos parte de la entrevista en este blog.

Wednesday, November 22, 2006

- Ciclo de conferencias del poeta Juan Barja (Madrid)

Cciclo de conferencias “Poesía y destino. Seis variaciones”, en el marco de la Cátedra de Poesía Latinoamericana de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín, con el auspicio de la revista Nómada.
Los interesados en participar pueden inscribirse enviando sus datos por correo electrónico a poesialatinoamericana@unsam.edu.ar, o comunicándose al teléfono 4580-7550 /51/59.

Juan Barja, abogado, poeta, ensayista, crítico y director del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Creador y codirector de la revista Sileno, publicación bianual dedicada al Arte y al Pensamiento.

Entre su obra poética, destacan “Equilibrio del día” (Madrid, 1981); “Horizonte de entrada” (Madrid, 1984); “El fuego y la ceniza. 1. De sombras. 2. Signos. 3. Mediodía” (Madrid, 1989); “Las estaciones” (Granada, 1991); “Sonetos materiales” (Madrid, 1993); “Las noches y los días” (Palma de Mallorca, 1996); “Mínima voz” (Madrid, 1996); “Viaje de invierno” (Palma de Mallorca, 1997); “La cuchilla en el ojo y otros poemas teóricos'”(Palma de Mallorca, 2001); “Contemplación de la caída” (Palma de Mallorca, 2001).
Como ensayista y crítico, Barja ha colaborado en libros colectivos y medios gráficos. Asimismo, es autor de numerosas traducciones, ha impartido diferentes cursos y participado en múltiples coloquios y seminarios, generalmente sobre temas vinculados a Teoría de la Literatura, Poética, Estética y Teoría del Texto.

PROGRAMA
“Poesía y destino. Seis variaciones”

Fecha: Del 4 al 6 de diciembre, de 18:30 a 21:30
Lugar: Centro de Estudios Latinoamericanos (CEL)
Bartolomé Mitre 1869, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Lunes 4 de diciembre
- Materia y forma
Apuntes inactuales para una poética del texto.
- Poesía y verdad. Variación – texto – memoria.
El Orfeo de Rilke.

Martes 5 de diciembre
- “No separar el sí del no”. La constelación del instante. Entre Walter
Benjamin y Paul Celan.
- Historia y mito. El poema según Pasolini.

Miércoles 6 de diciembre
- Lecciones de tinieblas. Beckett / Jaccottet / Gamoneda. De la
(im)posibilidad de / en el hablar.
- Lo venidero. Vallejo / Luzi / Iglesias. Tres visitaciones.

Inscripción:
poesialatinoamericana@unsam.edu.ar
4580-7550 /51/59